Han sido ocho partidos en los que Málaga ha conseguido mantener la puerta a cero y su planteamiento defensivo merece ser analizado. El equipo ha vuelto a las raíces, priorizando el orden y la disciplina en la zaga. Cuando se enfrentan a equipos con una delantera fuerte, como el Real Betis, esta estrategia ha mostrado ser efectiva.

El esquema 4-2-3-1 ha permitido a Málaga no solo establecer una defensa sólida, sino también proporcionar un contragolpe efectivo. Los dos mediocampistas de contención, Ibon Badiola e Izan Merino, juegan un papel esencial. Su capacidad para recuperar balones y distribuirlo rápidamente ha sido clave en transiciones rápidas.